miércoles, 21 de noviembre de 2012


Bellas artes                                                                                                                                          Universidad industrial de  santander - uis
Ensayo 
La caverna                                     José Saramago

             Natalia Lorena Alvarez Alvarez
                  23/Nov/2012



Taller de Modelado                                                                                                                                                                                                                       Maestra Andrea Rey




LA CAVERNA

José Saramago.

“Que extraña escena me describes y que extraños prisioneros, son iguales a nosotros”
PLATON

“La diferencia está en que el barro es como las personas, necesita que lo traten bien”
José Saramago. (La Caverna)




En este tiempo en donde la realidad que nos rodea se encuentra en un constante  y veloz cambio, en un tiempo en donde el común del entorno está dado por una sociedad de consumo, excluyente de todo aquello que con su individualidad y ánimos de libertad pueda ver afectada su autoridad e influencia, es en parte responsabilidad del artista formarse concienzuda y éticamente para caminar en el filo de la navaja, brindando soluciones a las necesidades actuales y a si mismo sin dejarse atrapar en la caverna del consumismo vigente; con esta novela, el escritor, José Saramago, nos abre los ojos en este momento a quienes iniciamos el camino de formación como maestros en bellas artes a ser fieles a nuestros principios, a no olvidar  nuestros orígenes, nuestra historia mientras avanzamos en nuestro caminar, a defender nuestra libertad, a ser críticos frente a nuestro entorno; pero hay que reconocer que, difícil tarea es esta sino se ama con el alma aquello que hacemos y el lugar en donde estamos; y es precisamente del amor por su labor como el mostrado por nuestros protagonistas por la alfarería y del ser como artista del cual tratare en las siguientes páginas.

En este relato al lado de los personajes Martha y Cipriano, vemos el profundo amor que permanece en ellos por el arte que han trabajado durante toda su vida y que en el presente tratamos como estudiantes de Bellas Artes de aprender, aprender a amar.

Es emotivo ver como en medio de las dificultades los personajes luchan en todo momento por aferrarse a su alfarería, por evitar el dejarse llevar por la esclavitud y el aislamiento del cual el Centro convertía en presa a todos y al cual todos o al menos casi todos, querían ir y como a medida que avanza esta historia Cipriano y su hija nos van enseñando de una manera tan íntima los secretos para el manejo de la arcilla que pasa por sus manos.

Saramago escribe en La Caverna: …“ La ominosa visión de las chimeneas vomitando chorros de humo le indujo a preguntarse en qué estúpida fábrica de ésas se estarían produciendo las estúpidas mentiras de plástico, las alevosas imitaciones del barro, es imposible, murmuró, ni en sonido ni en peso se pueden igualar (al barro), y además está la relación entre la vista y el tacto que leí no sé dónde, la vista que es capaz de ver por los dedos que están tocando el barro, los dedos que, sin tocar, consiguen sentir lo que los ojos están viendo.” *

 Al principio de esta vía que este semestre iniciamos, al igual que Martha a sus ocho años, debemos aprender primero a conocer con nuestras manos el material, ya que no basta simplemente con tomar un trozo de barro y empezar a modelar lo que por arte y gracia el espíritu santo traiga a nuestra mente; todo arte requiere de práctica, lo que representa un constante trabajo.

súbitamente la hija pasó a tener ocho años, y él le decía, Fíjate bien, es como cuando tu madre amasa el pan. Hacía rodar la pella de arcilla adelante y atrás, la comprimía y la alargaba con la parte posterior de la palma de las manos, la golpeaba con fuerza contra la mesa, la estrujaba, la aplastaba, volvía al principio, repetía toda la operación, una vez, otra vez, otra aún, Por qué hace eso, le preguntó la hija, Para no dejar dentro del barro caliches, grumos y burbujas de aire, sería malo para el trabajo, ponía a un lado el cilindro compacto en que transformara la arcilla y comenzaba a amasar otra pella, Ya va siendo hora de que aprendas, dijo, pero después se arrepintió, Qué estupidez, sólo tiene ocho años, y enmendó, Vete a jugar fuera, vete, aquí hace frío, pero la hija respondió que no quería irse, estaba intentando modelar un muñeco con un recorte de pasta que se le pegaba a los dedos porque era demasiado blanda, Ese no sirve, prueba mejor con éste, verás cómo lo consigues, dijo el padre.*

Es necesario en la formación como artista  ser perceptivo al interactuar con todos los elementos que hacen parte de nuestro entorno, siendo primeramente observadores de esta y permitirse interiorizar y ser modelado por nuestra realidad, por los continuos cambios de la misma; vemos entonces que no basta simplemente con imaginar y empezar a modelar, es requerido para la realización de un buen trabajo, al igual que Martha, una actividad intensa, de nerviosa excitación, y posterior a ello, de un continuo hacer y deshacer en el papel y en el barro, de una experimentación constante pues los chispazos de creatividad que nos sobrevienen, no lo hacen a menos que nuestra mente haya estado trabajando continuamente, desarrollando nuevas alternativas, creando posibles soluciones.

Nótese lo que dice el escritor sobre nuestras manos, las principales herramientas para nuestro enfrentamiento con la arcilla _y en general con todo tipo de materiales_: “cuando nacemos, los dedos todavía no tienen cerebros, se van formando poco a poco con el paso del tiempo y el auxilio de lo que los ojos ven. El auxilio de los ojos es importante, tanto como el auxilio de lo que es visto por ellos. Por eso lo que los dedos siempre han hecho mejor es precisamente revelar lo oculto.”
No esperemos pues, que por un artificio de magia, nuestros dedos empiecen a desenvolverse con la soltura con la que seguramente lo harían las de Cipriano, es necesario que desde ya la experimentación constante con los diferentes materiales a nuestro alrededor para enseñar las manos a tratarlos, tratándolos benévolamente como lo pide el barro en la caverna.

En cierto momento pudimos ver al Padre sufriendo hasta en lo más profundo de sus entrañas a causa del conocimiento teórico requerido para el manejo de determinadas técnicas, las bondades y “resabios” de cada tipo y presentación de la arcilla a trabajar, tan necesaria para su trabajo y  que no se podría desligar del ingenio y la creatividad propia observada en nuestro querido personaje, quien con la ayuda de Martha tomaba para si los conocimientos aportados por su pequeña biblioteca y los adecuaba a su forma de trabajar a medida que ensayaba en su taller, pero partiendo inteligentemente de lo aprendido por prueba y error de aquellos artistas que le antecedieron para luego establecer variantes ajustados a su personal forma de trabajar.

Es esta continua aprehensión de conocimiento e interacción con la arcilla, la cercanía de esta con nuestra piel, la comprensión de su personalidad, lo que hará que vayamos enamorándonos cada día mas de ella al igual que sucede con las relaciones entre humanos, esta relación necesita de este conocimiento y cercanía para desarrollarse y dar el mejor de sus frutos; es esperado que al separarnos por un muy largo tiempo de alguien sin tener ningún tipo de comunicación con ella, que el aprecio mengue, lo que no hace extraño que del mismo modo suceda con aquellos materiales y técnicas con las que no maniobramos regularmente comparada con las que sí.

También pudimos observar en Cipriano y Martha algunos valores demandados en los artistas como el ser una persona ética, reflexiva, crítico de su entorno, adaptabilidad al cambio, entre otros, sin los cuales seriamos tan solo, unos cuantos más prisioneros adormecidos del “Centro”.

Finalmente y no menos importante, se vislumbra como lo dije en un inicio el profundo amor por lo que se hace, que permita que disfrutemos viviendo nuestros sueños y haciéndolos parte de nuestro diario vivir, en fin que permitan vivir cada día con la felicidad de ir construyendo cada segundo lo que nos trazamos como meta en nuestra existencia y no dejando acallar nuestro verdadero ser, dejando huella en nuestra sociedad a través de lo que elegimos, concebir arte.






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